Nivel II · Mercados · lección 2 de 7 · 30 minutos
Acciones, bonos y fondos
Una acción es una parte de la propiedad de una empresa. Quien la tiene comparte su suerte: si a la empresa le va bien, puede repartir dividendos y su precio puede subir; si le va mal, el precio puede caer mucho y los dividendos pueden no llegar. Nada obliga a la empresa a repartir, y el precio no tiene piso garantizado.
Un bono es un préstamo: tú prestas, y el emisor promete pagarte intereses y devolverte el valor nominal en una fecha. Algunos, como los CETES que viste en el Nivel I, no pagan intereses por separado: se compran por debajo de su valor nominal y al vencer te pagan el valor completo. Puede ser del Gobierno o de una empresa. Tiene dos riesgos principales: que el emisor no pague y que la tasa del mercado cambie mientras esperas.
Esa segunda parte confunde a muchos: cuando las tasas suben, el precio de los bonos de tasa fija que ya existen baja, y al revés. Ejemplo con números redondos: un bono de $100 que paga $8 al año vale menos si los bonos nuevos ya pagan $10, porque nadie paga $100 por recibir menos. Si lo vendes antes de su fecha, puedes recibir menos de lo que pagaste.
Un fondo junta el dinero de muchas personas y lo administra una operadora autorizada por la CNBV, con reglas escritas en su prospecto. Tú tienes una parte del total, y su precio se calcula cada día. Los hay de deuda, que compran bonos, y de renta variable, que compran acciones. Un fondo no elimina el riesgo: lo reparte entre muchos valores y cobra por administrarlo.
Antes de cualquier fondo se leen tres cosas en su prospecto y en su documento con información clave: qué compra, cada cuándo puedes sacar tu dinero y cuánto cobra. Y una advertencia que vale para los tres instrumentos: que algo haya tenido buenos años no dice nada sobre los que siguen.
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